Ciudad Guatemala, Guatemala

INCIDEJOVEN en la CSW70: Estaremos donde sea necesario

Desde INCIDEJOVEN contamos con más de quince años de experiencia en incidencia regional e internacional, lo que implica participar en espacios donde se definen marcos de derechos humanos que inciden directamente en la política nacional. Nuestra presencia no es casual: buscamos influir en conversaciones de alto nivel con una postura crítica y consciente.

Tenemos claro que Naciones Unidas es un espacio atravesado por contradicciones. Surgió tras la Segunda Guerra Mundial con la promesa de garantizar la paz y evitar la repetición de atrocidades, pero hoy se mantiene pasivo frente a crisis humanitarias como los genocidios en Palestina, Sudán y el Congo. Al mismo tiempo, ha sido clave para avances en derechos como la Educación Integral en Sexualidad, la autonomía corporal y la autodeterminación de los pueblos indígenas. Esta tensión define el terreno en el que participamos.

En un escenario excluyente, extractivista y profundamente colonial, se hacen necesarias voces críticas: voces que no validan sin cuestionar, sino que exigen. Como organización, asumimos un imperativo ético: ser la piedra en el zapato de quienes buscan negar nuestra existencia y controlar nuestras cuerpas. Porque no es lo mismo que las decisiones se tomen con unas pocas feministas presentes, a que seamos muchas más, conectadas con millones que sostienen las mismas demandas en las calles.

Durante el 70 período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70), el tema prioritario fue garantizar el acceso a la justicia para mujeres y niñas, promoviendo sistemas inclusivos y eliminando barreras estructurales. Sin embargo, esto contrasta con la realidad nacional: en Guatemala, de 98,060 denuncias por violencia contra mujeres y niñas registradas entre 2024 y 2025, solo el 5.92% derivó en sentencias condenatorias.

En cuanto a la eliminación de barreras estructurales, el panorama también es limitado. La administración del presidente Arévalo acumula más de dos años de retraso en la actualización del Plan Nacional para la Prevención de Embarazos (PLANEA). Frente a esto, parte de nuestro trabajo ha sido visibilizar estas realidades en los espacios internacionales. Las demandas que llevamos a la marcha del 8 de marzo son las mismas que se posicionan en las negociaciones dentro de Naciones Unidas. Como parte de la Delegación Oficial de Guatemala, nuestro rol ha sido actuar como puente entre la movilización social y los espacios de decisión.

El principal resultado de la CSW70 fue la adopción de un documento de Conclusiones Acordadas, que refleja compromisos de los Estados. Este año marcó un hecho histórico: por primera vez en setenta años, el documento tuvo que someterse a votación ante la imposibilidad de alcanzar consenso. Esto evidencia un contexto global cada vez más polarizado, donde el consenso ya no es posible frente al avance de agendas antiderechos.

Durante las negociaciones, el gobierno de Estados Unidos impulsó retrocesos importantes, oponiéndose al reconocimiento de medidas de reparación en la justicia e intentando imponer una definición restrictiva de género como “hombre y mujer”. Estas posturas desconocen la diversidad de identidades y representan un precedente peligroso, ya que pueden ser utilizadas por actores antiderechos a nivel nacional para justificar políticas regresivas.

Estas tensiones ocurren en un momento de crisis del sistema internacional, marcada también por recortes de financiamiento impulsados por la actual administración estadounidense. Esto refuerza una realidad: el poder no reside únicamente en estos espacios, sino también en la organización social y la participación política. Las decisiones que afectan nuestras vidas se disputan en múltiples niveles: en las calles, las urnas, las instituciones y el ámbito multilateral.

Ante este escenario, surge una pregunta clave: ¿qué implica para las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres de Guatemala que cambien las dinámicas en Naciones Unidas? El impacto es concreto. El debilitamiento del sistema internacional reduce los espacios de rendición de cuentas desde los cuales podemos evidenciar las fallas del Estado y exigir avances. Además, Guatemala continúa dependiendo en gran medida de la cooperación multilateral, que sostiene programas esenciales en educación y salud.

En INCIDEJOVEN tenemos claro que el multilateralismo no es suficiente, ni necesariamente el mejor espacio para la lucha por nuestros derechos. Sin embargo, sigue siendo un espacio necesario. Por ello, salimos de esta CSW reafirmando una convicción: para hacer realidad la consigna “nada sobre nosotras sin nosotras”, debemos disputar todos los espacios posibles.


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